La Cacharreria, Cáceres

La Cacharreria, Cáceres

Enero de 2017

Casi dos años después de la primera visita que supuso nuestro descubrimiento de esta interesante tapería, volvemos con el ánimo de encontrarnos una propuesta renovada que continuara con ese aire fresco imprimido en el comienzo de este interesante proyecto. No obstante, nada ha cambiado desde la última vez, la carta es idéntica a la de entonces salvo un par de tapas fuera de carta, “si la cosa funciona pa qué cambiá”, pensarán. Primera decepción.

Tampoco ha variado el ritual de apertura. A las 20:30 ya se agolpan en la puerta de entrada más de quince persona a la espera de recibir el permiso pertinente que les lleve al deseado acomodo. Como en la vez anterior, se hacen de rogar y la cancela se abre con un retraso de quince minutos a pesar del frío  polar exterior.

En lo gastronómico, nos decantamos por probar el Hummus libanés, muy fino en textura y terminación aunque pasado de ajo y falto de sal.

El secreto ibérico con un buen punto, queda sin embargo deslucido y anulado por el “praliné” de pimentón y frutos secos, excesivo en cantidad.

Los morros de cerdo, una de las mejores tapas de la primera visita, no mantienen el nivel en esta ocasión, la pasta que los cubre se presenta algo cruda.

Terminamos el reencuentro con el delicioso tiramisú tuneado con frutas varias, de lo mejor de la carta.

 

El personal de sala continua en su buena linea, atento y resolutivo a las necesidades del cliente. Por contra, el ritmo de cocina sigue resultando algo lento. 

A pesar de todo, seguimos encontrando a esta Cacharrería como una de las mejores opciones para tapear en la capital cacereña, que a buen seguro mejorará, si consigue romper con el conformismo y/o temor a explorar nuevas recetas igual de exitosas que las actuales para ese público incondicional que acumula méritos para seguir siendo sorprendido.

 

Abril de 2015

En pleno casco histórico de la capital de la gastronomía española en este año 2015, se ubica esta interesante y escueta tapería.

Tras el agradecido consejo de uno de los empleados en acudir al establecimiento con bastante antelación respecto a la hora habitual de cena, traspasamos la puerta que da a un pequeño patio para vivir la primera sorpresa: ocho y veintidós de la tarde, veinticuatro personas esperando la apertura, qué buena señal.

Quince minutos después, las puertas siguen cerradas, el personal comienza a posicionarse, la gente se impacienta, la sorpresa perdura.

La barrera cede y la cola avanza, somos conscientes de la diminuta sala y surgen las dudas sobre si  llegaremos a coger mesa, esto es de coña…

Finalmente logramos coger taburete y sentimos un inevitable alivio, las expectativas crecen.

Observamos como el planteamiento a priori no es complejo, la carta contempla opción de tres raciones a modo de entrantes (también disponible en medias raciones), catorce tapas saladas y tres dulces junto a unas pocas propuestas fuera de carta, sin más. No obstante, este negocio es uno de esos proyectos donde la simpleza bien tratada y el sentido común es sinónimo de éxito.

La idea es conjugar de una manera resultona precios asumibles, cantidad en las elaboraciones esperada para este tipo de formato reducido, sabores estimulantes, buenos emplatados  y por qué no, el encanto de la ubicación.

El local dispone de una agradable pero pequeña sala y otra auxiliar aún más diminuta.

El elemento negativo más reseñable de la experiencia lo representa la lentitud del servicio, justificado por el poco personal en sala-barra (y posiblemente en cocina), lo que genera largas esperas entre tapa y tapa (algo más de dos horas). Guarniciones repetitivas.

A continuación, facilitamos imágenes de algunas de las tapas degustadas:

Croquetas de patatera. Correctas en texturas y equilibradas en sabor, acompañadas de una inesperada pero original y pertinente guarnición.

Croquetas

Croquetas

Morros de cerdo. Ricos en sabor y punto de cocción aunque excesiva su cantidad en el relleno, lo que dificulta su finalización armoniosa. Se vería necesaria la presencia de elementos que compensen el exceso de grasa.

Morros de cerdo

Morros de cerdo

Turrón de Foie y patés variados (atún e hígado de cerdo). Flojo el paté de atún, conseguido el Turrón de Foie y excesiva cantidad y potencia en boca del paté de hígado de cerdo.

Paté

Paté

Puntas de Solomillo con queso (fuera de carta), cebolla caramelizada y almendra picada. Buen planteamiento aunque algo insípido, falto de sabor.

Puntas de Solomillo

Puntas de Solomillo

Flan de Torta del Casar. Buena textura y conseguido sabor.

Flan de Torta

Flan de Torta

En resumen, grata sorpresa la de esta tapería “La Cacharrería”, agradable estancia y muy buena relación calidad-precio. Otro lugar más que anotar en esa interesante ruta gastronómica cacereña.

La Cacharrería

Calle Orellana, 1, 10003, Cáceres

Teléfono: 615 21 27 50

Precio de la tapa: 4.5€. Postres: 3€.

Facebooktwittergoogle_pluspinterestmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *